SEMANA 1: COMENTARIOS SOBRE LAS HABILIDADES SOCIO COGNITIVAS

gfunes
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SEMANA 1: COMENTARIOS SOBRE LAS HABILIDADES SOCIO COGNITIVAS

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Hacer frente a situaciones de conflicto implica, ineludiblemente, la necesidad de alimentar nuestra inteligencia emocional, la cual es definida por Daniel Goleman (1.995) como: “La capacidad de comprender las emociones y conducirlas, de tal manera que podamos utilizarlas para guiar nuestra conducta y nuestros procesos de pensamiento, para producir mejores resultados”. Según Goleman se trata de “armonizar cabeza y corazón”. Asimismo, conlleva el contar con un bagaje de habilidades sociocognitivas que nos permitan atravesar las diversas experiencias vitales y enriquecernos en cada instancia. La importancia del desarrollo de las habilidades sociocognitivas en cada ser humano, es de tal dimensión que, en su nivel mayúsculo, garantiza una convivencia armónica y pacífica, siendo esencialmente por esta razón que, en el seno de nuestras culturas, particularmente en la familia, la escuela y la comunidad se debe de promover su práctica cotidiana.
Las habilidades sociocognitivas básicas para avanzar hacia el desarrollo armónico y pleno de cada ser humano son: el autocontrol, la meta cognición, la empatía, la asertividad, la compasión, el razonamiento crítico, el pensamiento creativo, el servicio a nuestros semejantes, la conciencia del otro como uno mismo y el manejo de nuestras emociones.
Tomando como referencia el libro: Mediación Asociativa y Cambio Social. (Pesqueira Leal, Jorge y Ortiz Aub, Amalia (2010) Mediación Asociativa y Cambio Social. El arte de lo posible. Sifra Impresores, México), comparto con ustedes un Resumen sobre las HABILIDADES SOCIO COGNITIVAS

Autocontrol
Los seres humanos ante estímulos externos e internos, disponemos de la capacidad de detenernos a pensar antes de actuar, cuando una idea surge, en esencia tenemos varias alternativas, una de estas es su eliminación intuitiva, o bien, se da el ingreso a un proceso deliberativo en el que, para la toma de decisiones, emerge en este proceso cognitivo todo el bagaje de nuestra personalidad; es decir, la concepción de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, asimismo, podemos pasar de la idea a la decisión.
El autocontrol, en su sentido rudimentario, significa hacer o dejar de hacer algo que sabemos nos daña personalmente o a los demás y en su acepción más profunda, significa autoconocimiento, por lo que esta última concepción nos compromete a avanzar hacia la conciencia propia y a enlazarnos con nuestras cualidades positivas a abstenernos de hacer lo que no es bueno para nosotros y para quienes nos rodean.
De este modo, el autocontrol deja de ser una pesada carga para convertirse en el vehículo de nuestra realización para hacer o dejar de hacer lo que queremos, sin más condición que el sujetamiento de tales decisiones a nuestra fuerza de voluntad.

Meta cognición
La meta cognición nos permite colocar el conflicto en el centro de nuestra atención y hacer uso de habilidades cognitivas para observar y conocer antes de éste surja, cómo es que se produjo y lo que ha sucedido con posterioridad, es decir, equivale a salirnos de nosotros mismos, observarnos analíticamente y tomar decisiones en consecuencia.
La auto observación nos guía hacia el autoconocimiento a través de la auto reflexión, lo que nos permite comprender nuestros procesos mentales y determinar qué hacer ante un conflicto respecto del cual no habíamos introducido variables que suelen surgir como consecuencia del desarrollo de la meta cognición y su puesta en práctica.

Razonamiento crítico
Razonar críticamente nos permite pensar en forma objetiva y en consecuencia, controlar el propio huracán emocional, además de pensamientos subjetivos que frecuentemente están cargados de sentimientos que dificultan la solución de los conflictos.
La evaluación sobre cómo se percibe el conflicto, sus causas y sus remedios hace posible que nos liberemos de posturas rígidas y concretas, así como de suposiciones en las que fehacientemente creemos que debemos mantenernos, abriéndonos al ejercicio de procesos racionales, que en principio, nos flexibilizan y permiten una lectura de los acontecimientos, en la que conjugamos las ideas propias con las de nuestros oponentes.

Pensamiento creativo
Es frecuente que los protagonistas de un conflicto adopten actitudes que no ayudan a su solución, debido a que valoran que existe solo una forma de resolverlo, incluso, en ocasiones creyendo que no disponen de alguna solución y suponen que se encuentran sin salida. Esto se debe a que inconscientemente los seres humanos atentamos contra nuestro propio potencial creativo con hipótesis tales como: el temor me paraliza; no es la primera vez que lo intentamos y nunca lo hemos logrado resolver; es imposible pretender solucionar lo que no tiene remedio; por más que me esfuerzo no surgen ideas en mi mente; no tiene caso esforzarme por hacer planteamientos que invariablemente serán rechazados; no quiero plantear soluciones que me hagan aparecer como alguien torpe; la otra persona jamás me ha comprendido y seguirá actuando así; es tan egoísta que jamás aceptaría mis propuestas; sólo sus ideas valen. Cuando estamos atrapados en la vorágine de un conflicto se nos dificulta resolverlo porque suele intoxicarnos emocionalmente y nos volvemos inhábiles de analizarlo objetivamente, esto inhibe nuestro potencial creativo y enreda el surgimiento de propuestas que nos conduzcan hacia su solución. El surgimiento de ideas nuevas que antes no habíamos imaginado y considerado, es fundamental para encontrar soluciones que beneficien a todos los protagonistas del conflicto para fortalecer sus relaciones, lo que disminuye el riesgo de futuros conflictos y, si éstas surgen, tomamos conciencia de que a través de nuestro pensamiento creativo disponemos de un abanico de alternativas que nos conduzcan a superarlo.
La creatividad es inherente a nuestra naturaleza, ya que, gracias a ésta, nuestra especie ha alcanzado la comprensión de sí misma y ha transformado el mundo hasta alcanzar avances en ciencia y tecnología inimaginables para nuestros antepasados.
El pensamiento creativo tanto en lo individual como en la relación con los demás, es un cauce para liberarnos de la alienación cultural y para abordar siempre creativamente los conflictos, sobre todo aquellos que se suscitan con quienes convivimos en nuestra vida cotidiana.

Empatía
La empatía es una capacidad humana innata que nos permite sanar desavenencias profundas y reconstruir relaciones, cuya solidez se ha visto fisurada como consecuencia del alineamiento a visualizaciones en las que los demás no tienen cabida o el espacio que se les provee ha sido para aprovecharse de éstos. La persona empática se compromete con relaciones sanas y sabe que la vida cobra significado cuando nos interesamos, nos preocupamos y ocupamos de los demás, en especial de aquellos con quienes tenemos diferencias que son producto de la diversidad humana.
La empatía nos permite colocarnos en el lugar de otras personas, para introducirnos en su ser y valorar sus concepciones, observar sus emociones, sentimientos y pensamientos, de tal manera que desarrollamos la capacidad de experimentar como propio lo que les sucede y comprender las causas de su comportamiento. La empatía positiva veda nuestras inclinaciones mórbidas, sea su origen biológico, psicológico o cultural y nos permite derrumbar relaciones violentas para establecer vínculos armónicos y pacíficos.
La reflexión sobre nuestras propias emociones, sentimientos y pensamientos y hacer lo propio con quienes nos encontramos en conflicto, admite el surgimiento de un filamento que nos une y da cauce a la comunión, así como a la necesaria asociación para que desde el “nosotros” podamos percatarnos de la pertinencia de encontrar soluciones mutuamente beneficiosas.
La importancia de la empatía es tal, que la supervivencia y la evolución de nuestra especie ha dependido en momentos cruciales de su ejercicio, aunque paradójicamente nuestro futuro se encuentra marcado por la ambivalencia en todos los contextos de las relaciones humanas entre empatía positiva y empatía negativa: sabemos que la violencia en la familia, en la escuela, en los barrios y en la sociedad en general, suele producir un aprendizaje que anestesia nuestra naturaleza empática positiva y multiplica los conflictos, así como su abordaje y solución destructiva.

Asertividad
Una de las más comunes actitudes ante los conflictos es la de evitación de los mismos, es decir, la tendencia a esperar y ver, suponiendo que el tiempo y circunstancias ajenas nos permitirán superarlo, o bien, modificando indirectamente nuestro comportamiento, lo cual lejos de acontecer suele empeorar la situación con detrimento de nuestras relaciones. La más catastrófica de las actitudes ante los conflictos, es precisamente la abstención para gestionarlos con la sola esperanza de que solos se desactiven o que la otra persona reflexione y modifique su comportamiento, aunque lo que en realidad pasa, es que la inactividad o el sólo cambio de conducta produce el espiral del conflicto hasta su estallido.
Otra actitud también frecuente ante los conflictos, son los actos unilaterales de fuerza, es decir, la agresividad, que la ubicamos en el lado opuesto de la inhibición, cuya expresión más común es la sumisión, que se manifiesta a través de conductas de control, de sometimiento y de dominación y en apariencia los resuelve pero que con el tiempo y las circunstancias este tipo de soluciones suelen salirse de control agravando las disputas.
Entre la inhibición y la agresión encontramos la asertividad, cuya comprensión y práctica es indispensable para la solución eficaz y duradera de los conflictos, esto significa que en cualquiera de las situaciones opuestas nuestra conducta es no asertiva y nos comportaremos más o menos asertivamente dependiendo del prudente alejamiento que mantengamos entre ambas actitudes. Cuando nos conducimos asertivamente somos capaces de manifestar a los demás lo que sentimos y lo que pensamos con un franco respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás, sin provocar en éstos reacciones de enojo, coraje, encono e ira; para esto es necesaria la comprensión, el respeto a su dignidad y a la autonomía de su voluntad, es decir, valorar a las otras personas en su justa dimensión e interaccionar considerando su modo de pensar, aunque no coincidamos con estos.
Sabemos lo difícil que es manifestar una idea cuando quienes piensan distinto a nosotros se ubican en una posición desde la cual tienen la capacidad de influir decisivamente sobre nuestras vidas, precisamente por esto, es indispensable el desarrollo de la asertividad, ya que ésta nos facilita el ejercicio de aquellos derechos que nos dignifican, así como una coexistencia pacífica y, sobre todo, las buenas relaciones con nuestros semejantes. Una persona asertiva sabe en consecuencia defender sus propios derechos y no consiente que éstos sean vulnerados por los demás, por esto, es capaz de identificar el lugar y el momento adecuado para expresar lo que siente y piensa y lo hace en tono y contenido apropiado para transmitir sus mensajes con serenidad pero con firmeza, siempre pertinentes según la ocasión y valorando la condición en la que se encuentra la otra persona, cuidando en todo momento de la dignidad y de los derechos de ésta.
Una persona expresa asertivamente sus sentimientos y pensamientos cuando da cabida en esta interacción a los sentimientos y pensamientos de los demás, de tal forma, que no produce un rechazo a sus planteamientos, sino que genera condiciones para dialogar en un ambiente positivo donde los protagonistas del conflicto, con claridad de ideas y sin temores, se vuelven capaces de construir desde el “nosotros” soluciones pertinentes y duraderas. La asertividad fortalece la autoestima y establece nuevos cauces de comunicación, lo que permite a las personas conducirse con veracidad, buena fe y equidad, ya que todo lo que se comunica lleva el sello del respeto, del reconocimiento y defensa de la dignidad intrínseca de los derechos fundamentales de sus protagonistas.

Compasión
Cuando experimentamos sufrimiento, consecuencia de conflictos internos, es ineludible que seamos compasivos con nosotros mismos y reflexionar sobre cómo ayudarnos y superar la condición anímica en la que estamos envueltos. Es decir, desde el margen de nuestra racionalidad adoptar una actitud empática con el inconsciente para identificar las heridas emocionales que en muchas ocasiones, sin saberlo, nos hemos ocasionado y dar los pasos necesarios para sanarlas. Asimismo, cuando nos percatamos del dolor, la angustia, el miedo, el temor y el sufrimiento de otros seres humanos, sabemos que, desde nuestra esencia, disponemos de la inclinación natural de conectarnos empáticamente y vivenciar lo que les pasa a otros. Experiencia que nos inclina a instrumentar acciones compasivas para desactivar las causas que han motivado tal condición.
Cuando percibimos el sufrimiento de otros, también sufrimos y es la compasión la fuerza motriz que nos moviliza para hacer todo lo que nuestras capacidades nos permiten para que cese o disminuya.
Sin embargo, el entorno cultural donde nos criamos ejerce una sistemática influencia para inhibir la capacidad de sentir, de pensar y de comportarnos compasivamente, es decir, en una sociedad en la que se estimula el individualismo, la manipulación, la indiferencia e incluso el desprecio y la crueldad, se produce el aletargamiento de esta habilidad sociocognitiva y nos volvemos indiferentes o bien selectivos ante el sufrimiento de los demás, incluso en ocasiones al de nuestros propios seres queridos. Vivimos en un mundo que no alienta sentimientos, pensamientos y conductas compasivas, esto es así, porque la cultura conspira contra su práctica y pretende convencernos de que esta habilidad sociocognitiva es una expresión de debilidad de la que debemos liberarnos si queremos demostrarnos y hacer ver a los demás que somos mejores que ellos.
El alejamiento de la compasión al impedir que ésta se manifieste en nuestra vida cotidiana, provoca la violencia y la multiplicación de los conflictos, en particular, en la familia, la escuela y la comunidad, que como bien sabemos integran espacios indispensables para que podamos vivir juntos e interconectados por actitudes compasivas que nos permitan solucionar cualquier conflicto al anteponer el bienestar del “nosotros” a actitudes individualistas, por lo general predatorias. El desarrollo de la compasión nos convierte en personas sensibles y consideradas. Desde nuestra dignidad intrínseca la autonomía de la voluntad y la plena disposición por producir la sinergia de nuestros poderes con los de los demás, nos compromete de manera propicia para aportar nuestras energías y aptitudes al servicio de nuestros semejantes, sobre todo de aquellos que sufren por situaciones que nosotros hemos generado, o bien, de las que somos copartícipes e incluso ajenos, pero en las que intervenimos dada nuestra naturaleza esencialmente bondadosa.
La práctica cotidiana de la compasión produce un continuo bienestar que se refleja en relaciones armónicas, es decir, al permitir que aflore lo mejor de nuestro ser experimentamos estados de conciencia que nos aproximan a la felicidad y a comprender la esencia y el sentido del “nosotros” por encima del “tú” y del “yo”, es decir, de un individualismo que con frecuencia provoca colisiones con los demás.
Transitar por el sendero de la compasión nos reafirma como seres fraternales, solidarios y cooperativos y nos permite modificar la forma y el fondo de las relaciones intrapersonales e interpersonales. La compasión es el antídoto contra el odio, el rencor, la ira, la maldad, la envidia, la discordia y su sustrato es la bondad, cualidad esencial positiva del ser.
La compasión entre los protagonistas del conflicto permite aliviar el sufrimiento que éste les ha ocasionado, fortalecer el hilo conductor de la fusión de sus poderes, dar cauce a su crecimiento y desarrollo tanto personal como social y potenciar sus buenas relaciones, en este contexto la compasión es una fortaleza que se convierte en guía para alcanzar un desarrollo armónico y pleno y bajo ningún concepto, ya sea sociológico, filosófico o psicológico debe ser concebida como sinónimo de debilidad o de flaqueza.

Luego de esto, los invito a participar en este Foro con las reflexiones, dudas, inquietudes y aportaciones que surjan a partir de la siguiente propuesta:
LES PIDO: Desarrollar muy brevemente (si es posible) las habilidades estudiadas, pensándolas en su uso en la cotidianidad y apuntando su aplicabilidad y su práctica eficiente en el contexto de prevención y resolución de conflictos en el cual lleva a cabo su quehacer.
Elegir una y preparar un video para ejemplificarla. Apelar a la creatividad y jugar libremente con la consigna.
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