semana 2: EL ROL DEL FACILITADOR Y LAS HABILIDADES SOCIO COGNITIVAS
Publicado: Mar Mar 14, 2023 4:34 pm
Las estructuras y procesos del pensamiento se revelan en un continuo fluir que va de la atención al aprendizaje, atravesando una serie de etapas que en su conjunto nos permiten observarnos a nosotros mismos y observar a los demás, así como tomar determinaciones sobre todo lo que nos ocurre. Es en este contexto que cada uno de nosotros cuenta con condiciones biosociológicas para desarrollar habilidades cognitivas como consecuencia de la aplicación de nuestras funciones mentales complejas.
Las habilidades socio-cognitivas se refieren, entonces, a la manera en que el ser humano comprende lo que sucede en su entorno. Son los procesos del pensamiento utilizados para analizar y entender las distintas situaciones a las que una persona está expuesta cuando interactúa con otra. Estas capacidades son decisivas en la conducta y el pensamiento, fundamentalmente cuando debe abordarse una situación de conflicto. Al ser y estar en el mundo desarrollamos estas habilidades enlazadas a nuestras vinculaciones con los demás, de ahí la importancia que en su adquisición tienen las instituciones responsables de los procesos de socialización, ya que es en su seno donde desarrollamos competencias que nos permiten interactuar eficazmente y con un reducido margen de riesgo de desgarrar las normas fundamentales de convivencia gregaria.
Primordialmente, se destaca la relevancia que tienen en el abordaje de los conflictos, las habilidades socio cognitivas adquiridas desde nuestra temprana infancia en la familia, por ser ésta el lugar donde incesantemente se influye en la estructuración de nuestro pensamiento. Cómo reaccionar y dar respuesta a la influencia de nuestro entorno; cómo justipreciar críticamente nuestro pensamiento; cómo vincularnos sin provocar reacciones aireadas (rechazo, ira, fastidio) en los demás; cómo ocuparnos de los problemas que los otros atraviesan, como solucionar las situaciones que se nos presentan; cómo pensar y encontrar alternativas creativas ante la realidad que nos envuelve; cómo conceptualizar y desarrollar competencias para abordar empáticamente las dificultades que se nos presentan, cómo ser atentos con los sentimientos y la forma de ser de los demás; cómo lograr un equilibrio en nuestra vida emocional y sobre todo cómo desarrollar nuestras cualidades positivas, tiene todo que ver con el desarrollo con las habilidades sociocognitivas. En este contexto, reitero, la familia, la escuela y la comunidad próxima, se complementan en la misión de desarrollar a plenitud las habilidades sociocognitivas de cada persona: cuando estas instituciones fallan, sus deficiencias se reflejan en conflictos intrapersonales, interpersonales y grupales, cuyo abordaje suele ser destructivo. Si esta situación se multiplica e introduce en la vida gregaria, entonces podemos referirnos a sociedades en conflicto que por su misma estructura son generadoras de conflictos que a su vez inhiben el desarrollo de habilidades socio cognitivas y producen la deleznable cultura de la violencia.
La realidad de nuestro contexto actual nos muestra que las instituciones socializadoras han fallado frecuentemente en la tarea de desarrollar habilidades socio cognitivas, por lo que podemos afirmar que estamos inmersos en nuestro planeta en culturas que estimulan la multiplicación de los conflictos y su abordaje destructivo. En este sentido, la introducción del facilitador y el papel que pueda desempeñar, resulta crucial.
El rol de facilitador plantea un perfil de personalidad que denota niveles de comprensión de sus cualidades positivas, así como grados de desarrollo de sus habilidades socio cognitivas, dando cuenta de rasgos tangibles de un ser bondadoso y pacífico que refleja empatía, asertividad y compasión. Al respecto, Jorge Pesqueira Leal y Amalia Ortiz Aub establecen que las habilidades sociocognitivas básicas para avanzar hacia el desarrollo armónico y pleno de cada ser humano son: el autocontrol, la meta cognición, la empatía, la asertividad, la compasión, el razonamiento crítico, el pensamiento creativo, el servicio a nuestros semejantes, la conciencia del otro como uno mismo y el manejo de nuestras emociones. Sus significados, características y las particularidades de cada una en el seno de nosotros mismos, han sido objeto de estudio a lo largo de la Asignatura, por cuanto no me detendré en dichas habilidades.
Asimismo, es necesario que el facilitador pueda exteriorizar:
• Flexibilidad: es decir, la capacidad adaptativa para manejar situaciones cambiantes y atender las variadas exigencias para adaptarse a las reacciones de las circunstancias.
• Confiabilidad: esto es, que pueda mantener la integridad del ser al tiempo que se asume responsable del propio desempeño.
• Honestidad: respecto a hacer lo que sí sabe que puede hacer y evitar hacer si sabe que aún no sabe hacerlo.
• Empatía: actitud de sentir y escuchar que comprende dos etapas interconectadas a pesar de ser diferentes: La primera, evaluar a la persona que está hablando para conocer lo más posible sus puntos de vista, su persona y sus motivos. La segunda, escuchar cuidadosamente y con atención para aprender a evaluarse uno mismo, siendo consciente del propio estado emocional del momento.
• Ser conocedor del conflicto: para devolver a las partes en conflicto la capacidad de autodeterminación, lo que requiere ir más allá de lo que los protagonistas están diciendo y enfocarse a todo lo que se comunican.
• Agente de la realidad: el facilitador debe crear las condiciones y asumir el compromiso de que sean las partes quienes lleguen a ver el cambio posible y la oportunidad de materializarlo. Una responsabilidad fundamental debe ser la de evitar el anclaje de los participantes en alternativas poco factibles o en soluciones ficticias.
• Sentido del humor: debe instalar una actitud optimista para aprovechar las oportunidades más allá de los contratiempos circunstanciales.
El contar con estos atributos, permite al negociador o mediador forjar un perfil que le posibilitará el ejercicio sano y eficiente de su función facilitadora, donde las habilidades socio cognitivas frente a los conflictos, serán la herramienta a través de la cual pueda provocar, la modificación gradual de actitudes y conductas de las partes. En el proceso el facilitador busca que los protagonistas del conflicto se ejerciten en el reconocimiento, el desarrollo y la práctica de las propias habilidades socio cognitivas requeridas para mantener buenas relaciones con sus semejantes.
Se parte de la concepción de que ciertas deficiencias socio cognitivas pueden ser cubiertas por las propias partes cuando un tercero experto o facilitador produce el ambiente propicio para ello. Claro está, siempre dejando en plena libertad a las personas, para que sean ellas quienes planteen y construyan sus propias soluciones al conflicto. Es así, como en el proceso los protagonistas del conflicto podrán ser capaces de detenerse a pensar antes de interactuar; asumir la responsabilidad que les corresponde; ocuparse de auto reflexionar; ser capaces de dialogar sinceramente sin agredirse uno a otro; plantear ideas creativas y reflexionar críticamente, ser capaces también de ponerse en el lugar del otro; de propiciar el nosotros por encima del tú y del yo; de valorar la importancia de las relaciones preexistentes y en fin, de abrirse a la fusión de sus voluntades por el bien de ellos mismos, de sus relaciones y de la comunidad.
Asimismo, el desarrollo de estas habilidades sociocognitivas propicia la construcción de paz. Hablar de paz es reflexionar sobre nuestros temores, de aquellos que surgen de haber empezado a comprender las consecuencias de nuestras propias acciones, de nuestras motivaciones y de los valores que nos inspiran… Quizás Bruckner (1990) tuviera razón al señalar que convivir con el horror se ha convertido una costumbre. Debemos dejar de acostumbrarnos y ser críticos de ello, ponerlo en tensión permanente. El ser humano debe asumir su poder natural no sólo para corregir, sino para evitar conflictos y eso es una de las metas que se propone el facilitador con su quehacer y con su buen hacer. Su tarea apunta a descubrir el poder natural del ser humanamente pacífico, lo que abre un mundo de posibilidades para la coexistencia pacífica. El poder de la paz, que el trae con sus intervenciones, se parece a la capacidad potencial de lograr la paz. La mayoría de las personas crece y se desarrollan frente a modelos contradictorios al modelo de pacificación, por cuanto esa mayoría intenta poner en práctica lo aprendido. Las crisis actuales de guerra, hambre, depresiones económicas son una manifestación sintomática de que hemos olvidado el poder natural de la cualidad esencial positiva del ser humano. El facilitador, desde sus habilidades, intenta permanentemente ponerla en escena, buscando el medio más confiable para que todas las personas del mundo vivan y convivan en comunión; con la convicción de que es tiempo de utilizar el poder de la paz para lograr este objetivo, dando el primer paso para empoderar a las personas de la capacidad potencializadora de pacificar. En cada palabra, en cada hecho, él intenta mostrar a las partes que todos tenemos el poder de la paz. El poder de la paz, es el poder para la paz.
El poder de la paz invita a hablar de valores y actitudes que nos llevan a la práctica de los principios de cooperación, respeto a los derechos humanos y a la diversidad cultural, a la práctica de la democracia y la tolerancia. Todo ello se logra desde un ejercicio verdadero de las habilidades socio cognitivas
Desarrollar sociedades sostenibles desde la prevención del conflicto y la violencia, aligerar las consecuencias y empoderar a los seres humanos debería ser el estandarte de la cultura de paz global.
Encontrar un orden dentro de uno mismo es estar y permanecer en calma; estar en paz y obviamente el estado de paz provoca ideas, pensamientos, palabras, sentimientos y emociones pacíficas que se distribuyen en nuestro entorno como ondas expansivas de nuestro estado de quietud, de paz.
Para establecer el poder de la paz es necesario que las personas se conozcan unas a otras e intenten comprenderse y apreciarse mutuamente. La manera más segura de romper la desconfianza es impulsar la interacción entre las personas.
El poder radica no sólo en el estar, sino en el hacer; unidos por la confianza, destacando la calidad individual del ser y dejando huellas al plantar semillas de paz en lo cotidiano. La paz como una cualidad humana en el sentido profundo de la esencia del ser es estar y permanecer en sintonía con los demás, compasivamente hacer con los demás uno solo.
Encontrar el poder de la paz, requiere un esfuerzo personal por acallar las luchas internas con uno mismo; dejar los prejuicios, las preocupaciones, los resentimientos, las máculas en las relaciones. El poder radica en el silencio natural del ser, el respeto en el silencio para llegar a la armonía, al equilibrio, al bienestar, al desarrollo de nuestras potencialidades, a lograr la satisfacción de necesidades, y como consecuencia está la equidad y la justicia, la auto regulación de capacidades de pacificación ante los conflictos.
El poder radica en la capacidad de incidencia y transformación de la realidad en que vivimos y de la que dependemos como comunidad como corresponsables de la vida social. Es además, aprovechar lo vivido porque nada ha sido en vano y en todo hay un aprendizaje.
Si bien somos seres independientes y con recursos propios, vivir desde el individualismo provoca soledad. No podemos ir por la vida relacionándonos con otros sin comprometernos. El sentido de paz y la orientación que pretende darle el facilitador, emana de romper con la idea de participar en la comunidad como una isla. Construir puentes entre diversos núcleos sociales, entretejer relaciones y reproducir y multiplicar la esencia misma de la concordia, en la convivencia pacífica. Todo ello requiere encontrarnos con el autocontrol, la empatía, la asertividad, la compasión, el razonamiento crítico, la creatividad, el servicio a nuestros semejantes, la conciencia del otro como uno mismo y la inteligencia emocional, tarea que estimula el facilitador con su abordaje.
A su vez, lograr el poder robustece el meta conocimiento de la paz, desarrolla nuevas dimensiones de las emociones, los sentimientos y la palabra para generar una seguridad única sobre el camino a seguir, haciendo “camino al andar” con una visión común, congruente y armónica, desarrollando pensamientos positivos y realistas, cultivando la actitud de paz en uno mismo para transformar la cotidianidad en nuestras relaciones intra e inter personales, en colectividad. Construir paz desde la propia paz.
Finalmente, el desarrollo de estas habilidades socio cognitivas es una eficiente medida de prevención del delito. Como es sabido, los factores etiológicos de la criminalidad se encuentran íntimamente relacionados a aquellos que son causa nodal de la inseguridad humana, esto es, la injusticia social y la violación de los derechos humanos, en particular a aquellos que protegen la vida, la igualdad, la libertad, la educación, la salud y en general nuestra supervivencia. La prevención del delito, tanto en lo que se refiere a quienes no han actualizado conductas criminales, como en lo que toca a quienes ya lo han hecho, es clave para garantizar la seguridad humana. Independientemente de los efectos que producen las condiciones socioeconómicas adversas y de la gama de factores que inciden en la actualización de ilícitos, es importante destacar la importancia que tiene en las decisiones la concepción que cada persona tiene de sí misma y la influencia que sobre ésta ejercen sus relaciones interpersonales. Es decir, un entorno hostil, discrepante, disruptivo criminógeno no determina necesariamente el paso al acto criminal, siempre y cuando se produzcan condiciones de interacción que favorezcan procesos de reflexión, análisis y comprensión de la realidad. En este contexto, encontramos que la seguridad ciudadana y la seguridad humana están determinadas por la forma en que las personas nos relacionamos con uno mismo y con los demás (desde las habilidades socio cognitivas), lo que nos lleva a ponderar su importancia en la desactivación de factores de riesgo y su influencia en los factores de protección.
Así por ejemplo, la violencia intrafamiliar, además de atentar contra la célula originaria e institución primordial de nuestra sociedad, afecta la salud mental de sus receptores y los predispone al desplazamiento de conductas que atentan contra ellos mismos y contra sus pares. La violencia intrafamiliar obedece consecuentemente a la incapacidad de sus protagonistas para resolver sus diferencias a través del diálogo u otro medio que provea de resultados positivos, cada quien aborda los conflictos que se suscitan con base a sus historias de vida, a su biografía y se comunican como lo hacen porque no saben hacerlo de otra manera. No pueden reconocer sus habilidades socio cognitivas, menos aun potenciarlas o desarrollar aquellas que sea necesario incrementar. Salvo situaciones excepcionales que ameritan intervención terapéutica, los protagonistas de conflictos intrapersonales pueden aprender a relacionarse desde la identificación de dichas habilidades sin producir reacciones adversariales y a gestionar sus diferencias construyendo juntos soluciones que les permitan llevar una porción de la seguridad humana a su círculo de convivencia. Ese es el objetivo que también se propone y va trazando el facilitador desde su rol.
Indudablemente, los medios colaborativos de solución de conflictos en los ámbitos de prevención de delitos y de ejecución de penas privativas de la libertad, constituyen una alternativa eficaz para alcanzar la seguridad humana. Deben incluirse conscientemente en el horizonte de nuestra tarea.
Antes de concluir, algo muy importante de señalar y aprendido en mi propia experiencia: una de las cosas más importantes en el tema de las habilidades socio-cognitivas en estos procesos tienen que ver con cómo las vamos a interiorizar cada uno de nosotros, facilitadores. No parece ser demasiado productivo que los facilitadores solamente memoricemos los conceptos, lo más interesante es cómo hacer que esas nociones sean parte de la vida diaria y cómo podemos ir identificándolas en cada aspecto de la vida (es decir, poder analizar “en mi vida están presentes la paciencia, el autocontrol, el pensamiento crítico, la creatividad, etcétera, en todos estos rangos o en todos estos aspectos.”). Porque todos vamos a tener algunas habilidades mucho más desarrolladas y algunas otras que todavía están latentes, esperando ser identificadas, a la expectativa de ser desplegadas. Y para que nosotros podernos abrirlas como buenos facilitadores, ya sea escogiendo la Mediación o la Negociación, necesitamos también tener un buen trabajo intrapersonal para que efectivamente logremos hacérselo llegar a las partes porque nosotros como creadores de paz, como facilitadores no nos sirve de mucho ser muy buenos mediadores, muy buenos negociadores de 9 de la mañana a 5 de la tarde, y luego regresar a los hogares y no compartir estos modelos de construcción de paz. Porque como dijimos, uno de los principales círculos de socialización, de institución socializadora es la familia, eso significa que los facilitadores tenemos el poder de hacer construcción de paz en uno de los círculos más importantes y es en el ambiente más cercano. Si nosotros no estamos sabiendo trasladar estas habilidades al campo subjetivo, vamos a tener muchas dificultades en nuestros planos personales y eso siempre va a terminar afectando el trabajo que hagamos como facilitadores, sobre todo si nos encontramos en el ámbito público donde a veces solemos vernos enfrentados con ciertas dificultades o carencias propias del Servicio Público. Eso significa que tenemos que tratar de estar lo mejor que se pueda en todos los otros ámbitos, en el plano personal con la familia, en la esfera sentimental con la pareja, en el contorno comunitario con las personas que nos rodean en los lugares donde vivimos, con las amistades, etcétera. Y la mejor manera de hacer eso es trabajando la construcción de paz a través de la construcción de paz hacia mí mismo para poder replicar ese modelo con las personas que me rodean y hacia las cuales se dirige mi tarea.
Algunas de las cuestiones que debemos revisar son, como está la relación que tenemos con nosotros mismos. ¿Cómo nos tratamos a nosotros mismos? Porque eso define mucho como vamos a tratar a los demás. Muchas veces muchos de nosotros nos encontramos diciéndonos cosas a nosotros mismos que jamás le diríamos a algún amigo o algún conocido o a algún familiar. Tenemos una pésima relación intrapersonal entonces debemos hacer un fuerte trabajo para mejorar esa relación intrapersonal, para que seamos muy auténticos en la manera en que nosotros replicamos el conocimiento con todas las personas que nos rodean.
A ninguno de nosotros nos gusta estar en conflicto con las personas que nos circundan, o estar constantemente sintiéndonos malentendidos, o creyéndonos juzgados o considerándonos presionados por nuestro entorno pero muchos de nosotros, a veces, realizamos hacia los demás actitudes que no nos gustarían que se ejercieran hacia nosotros, eso significa que cuando estemos caminando ese largo camino de la construcción de paz, tenemos que también ser muy autocríticos y fijarnos qué clase de actitud estamos usando, estamos demostrando hacia las personas que nos rodean. La propuesta de esta materia ha sido que empecemos a hacer cambios en micro para poder obtener cambios en macro.
Tengo la creencia de que si nosotros queremos ayudar a pacificar un entorno, lo primero que tenemos que hacer son cambios de actitud directamente con los miembros cercanos de la sociedad que habitamos, es decir, yo como padre de familia, yo como madre de familia, yo como hija, yo como hermana, yo como pareja. Tenemos que empezar a ajustar primero como me relaciono yo con las personas con las que estoy rodeada directamente y en base a eso, ese fenómeno se va a replicar.
El autoconocimiento da congruencia al vínculo indisoluble entre nuestras habilidades socio cognitivas y nuestras relaciones interpersonales, reflejando claro está, nuestro potencial creativo que nos coloca en sintonía con la realidad para que, desde ésta, si es necesario, la transformemos. Además de que el autoconocimiento es factor esencial de la confianza en nosotros mismos y en los demás y de la toma de conciencia de la potencia de dichas habilidades. Resulta primordial el ejercicio diario de exploración interna, viaje que indudablemente nos abrirá nuevos caminos de encuentro de nuestro ser con otros.
Los convoco a aportar sus propios comentarios sobre el rol de ustedes, en tanto facilitadores para desarrollar habilidades socio cognitivas durante el proceso de gestión de conflictos, para construir paz y consenso. Piensen en las historias vividas en los espacios que integran, en esos grupos, en los vínculos gestados… Los leo con gran atención….
Las habilidades socio-cognitivas se refieren, entonces, a la manera en que el ser humano comprende lo que sucede en su entorno. Son los procesos del pensamiento utilizados para analizar y entender las distintas situaciones a las que una persona está expuesta cuando interactúa con otra. Estas capacidades son decisivas en la conducta y el pensamiento, fundamentalmente cuando debe abordarse una situación de conflicto. Al ser y estar en el mundo desarrollamos estas habilidades enlazadas a nuestras vinculaciones con los demás, de ahí la importancia que en su adquisición tienen las instituciones responsables de los procesos de socialización, ya que es en su seno donde desarrollamos competencias que nos permiten interactuar eficazmente y con un reducido margen de riesgo de desgarrar las normas fundamentales de convivencia gregaria.
Primordialmente, se destaca la relevancia que tienen en el abordaje de los conflictos, las habilidades socio cognitivas adquiridas desde nuestra temprana infancia en la familia, por ser ésta el lugar donde incesantemente se influye en la estructuración de nuestro pensamiento. Cómo reaccionar y dar respuesta a la influencia de nuestro entorno; cómo justipreciar críticamente nuestro pensamiento; cómo vincularnos sin provocar reacciones aireadas (rechazo, ira, fastidio) en los demás; cómo ocuparnos de los problemas que los otros atraviesan, como solucionar las situaciones que se nos presentan; cómo pensar y encontrar alternativas creativas ante la realidad que nos envuelve; cómo conceptualizar y desarrollar competencias para abordar empáticamente las dificultades que se nos presentan, cómo ser atentos con los sentimientos y la forma de ser de los demás; cómo lograr un equilibrio en nuestra vida emocional y sobre todo cómo desarrollar nuestras cualidades positivas, tiene todo que ver con el desarrollo con las habilidades sociocognitivas. En este contexto, reitero, la familia, la escuela y la comunidad próxima, se complementan en la misión de desarrollar a plenitud las habilidades sociocognitivas de cada persona: cuando estas instituciones fallan, sus deficiencias se reflejan en conflictos intrapersonales, interpersonales y grupales, cuyo abordaje suele ser destructivo. Si esta situación se multiplica e introduce en la vida gregaria, entonces podemos referirnos a sociedades en conflicto que por su misma estructura son generadoras de conflictos que a su vez inhiben el desarrollo de habilidades socio cognitivas y producen la deleznable cultura de la violencia.
La realidad de nuestro contexto actual nos muestra que las instituciones socializadoras han fallado frecuentemente en la tarea de desarrollar habilidades socio cognitivas, por lo que podemos afirmar que estamos inmersos en nuestro planeta en culturas que estimulan la multiplicación de los conflictos y su abordaje destructivo. En este sentido, la introducción del facilitador y el papel que pueda desempeñar, resulta crucial.
El rol de facilitador plantea un perfil de personalidad que denota niveles de comprensión de sus cualidades positivas, así como grados de desarrollo de sus habilidades socio cognitivas, dando cuenta de rasgos tangibles de un ser bondadoso y pacífico que refleja empatía, asertividad y compasión. Al respecto, Jorge Pesqueira Leal y Amalia Ortiz Aub establecen que las habilidades sociocognitivas básicas para avanzar hacia el desarrollo armónico y pleno de cada ser humano son: el autocontrol, la meta cognición, la empatía, la asertividad, la compasión, el razonamiento crítico, el pensamiento creativo, el servicio a nuestros semejantes, la conciencia del otro como uno mismo y el manejo de nuestras emociones. Sus significados, características y las particularidades de cada una en el seno de nosotros mismos, han sido objeto de estudio a lo largo de la Asignatura, por cuanto no me detendré en dichas habilidades.
Asimismo, es necesario que el facilitador pueda exteriorizar:
• Flexibilidad: es decir, la capacidad adaptativa para manejar situaciones cambiantes y atender las variadas exigencias para adaptarse a las reacciones de las circunstancias.
• Confiabilidad: esto es, que pueda mantener la integridad del ser al tiempo que se asume responsable del propio desempeño.
• Honestidad: respecto a hacer lo que sí sabe que puede hacer y evitar hacer si sabe que aún no sabe hacerlo.
• Empatía: actitud de sentir y escuchar que comprende dos etapas interconectadas a pesar de ser diferentes: La primera, evaluar a la persona que está hablando para conocer lo más posible sus puntos de vista, su persona y sus motivos. La segunda, escuchar cuidadosamente y con atención para aprender a evaluarse uno mismo, siendo consciente del propio estado emocional del momento.
• Ser conocedor del conflicto: para devolver a las partes en conflicto la capacidad de autodeterminación, lo que requiere ir más allá de lo que los protagonistas están diciendo y enfocarse a todo lo que se comunican.
• Agente de la realidad: el facilitador debe crear las condiciones y asumir el compromiso de que sean las partes quienes lleguen a ver el cambio posible y la oportunidad de materializarlo. Una responsabilidad fundamental debe ser la de evitar el anclaje de los participantes en alternativas poco factibles o en soluciones ficticias.
• Sentido del humor: debe instalar una actitud optimista para aprovechar las oportunidades más allá de los contratiempos circunstanciales.
El contar con estos atributos, permite al negociador o mediador forjar un perfil que le posibilitará el ejercicio sano y eficiente de su función facilitadora, donde las habilidades socio cognitivas frente a los conflictos, serán la herramienta a través de la cual pueda provocar, la modificación gradual de actitudes y conductas de las partes. En el proceso el facilitador busca que los protagonistas del conflicto se ejerciten en el reconocimiento, el desarrollo y la práctica de las propias habilidades socio cognitivas requeridas para mantener buenas relaciones con sus semejantes.
Se parte de la concepción de que ciertas deficiencias socio cognitivas pueden ser cubiertas por las propias partes cuando un tercero experto o facilitador produce el ambiente propicio para ello. Claro está, siempre dejando en plena libertad a las personas, para que sean ellas quienes planteen y construyan sus propias soluciones al conflicto. Es así, como en el proceso los protagonistas del conflicto podrán ser capaces de detenerse a pensar antes de interactuar; asumir la responsabilidad que les corresponde; ocuparse de auto reflexionar; ser capaces de dialogar sinceramente sin agredirse uno a otro; plantear ideas creativas y reflexionar críticamente, ser capaces también de ponerse en el lugar del otro; de propiciar el nosotros por encima del tú y del yo; de valorar la importancia de las relaciones preexistentes y en fin, de abrirse a la fusión de sus voluntades por el bien de ellos mismos, de sus relaciones y de la comunidad.
Asimismo, el desarrollo de estas habilidades sociocognitivas propicia la construcción de paz. Hablar de paz es reflexionar sobre nuestros temores, de aquellos que surgen de haber empezado a comprender las consecuencias de nuestras propias acciones, de nuestras motivaciones y de los valores que nos inspiran… Quizás Bruckner (1990) tuviera razón al señalar que convivir con el horror se ha convertido una costumbre. Debemos dejar de acostumbrarnos y ser críticos de ello, ponerlo en tensión permanente. El ser humano debe asumir su poder natural no sólo para corregir, sino para evitar conflictos y eso es una de las metas que se propone el facilitador con su quehacer y con su buen hacer. Su tarea apunta a descubrir el poder natural del ser humanamente pacífico, lo que abre un mundo de posibilidades para la coexistencia pacífica. El poder de la paz, que el trae con sus intervenciones, se parece a la capacidad potencial de lograr la paz. La mayoría de las personas crece y se desarrollan frente a modelos contradictorios al modelo de pacificación, por cuanto esa mayoría intenta poner en práctica lo aprendido. Las crisis actuales de guerra, hambre, depresiones económicas son una manifestación sintomática de que hemos olvidado el poder natural de la cualidad esencial positiva del ser humano. El facilitador, desde sus habilidades, intenta permanentemente ponerla en escena, buscando el medio más confiable para que todas las personas del mundo vivan y convivan en comunión; con la convicción de que es tiempo de utilizar el poder de la paz para lograr este objetivo, dando el primer paso para empoderar a las personas de la capacidad potencializadora de pacificar. En cada palabra, en cada hecho, él intenta mostrar a las partes que todos tenemos el poder de la paz. El poder de la paz, es el poder para la paz.
El poder de la paz invita a hablar de valores y actitudes que nos llevan a la práctica de los principios de cooperación, respeto a los derechos humanos y a la diversidad cultural, a la práctica de la democracia y la tolerancia. Todo ello se logra desde un ejercicio verdadero de las habilidades socio cognitivas
Desarrollar sociedades sostenibles desde la prevención del conflicto y la violencia, aligerar las consecuencias y empoderar a los seres humanos debería ser el estandarte de la cultura de paz global.
Encontrar un orden dentro de uno mismo es estar y permanecer en calma; estar en paz y obviamente el estado de paz provoca ideas, pensamientos, palabras, sentimientos y emociones pacíficas que se distribuyen en nuestro entorno como ondas expansivas de nuestro estado de quietud, de paz.
Para establecer el poder de la paz es necesario que las personas se conozcan unas a otras e intenten comprenderse y apreciarse mutuamente. La manera más segura de romper la desconfianza es impulsar la interacción entre las personas.
El poder radica no sólo en el estar, sino en el hacer; unidos por la confianza, destacando la calidad individual del ser y dejando huellas al plantar semillas de paz en lo cotidiano. La paz como una cualidad humana en el sentido profundo de la esencia del ser es estar y permanecer en sintonía con los demás, compasivamente hacer con los demás uno solo.
Encontrar el poder de la paz, requiere un esfuerzo personal por acallar las luchas internas con uno mismo; dejar los prejuicios, las preocupaciones, los resentimientos, las máculas en las relaciones. El poder radica en el silencio natural del ser, el respeto en el silencio para llegar a la armonía, al equilibrio, al bienestar, al desarrollo de nuestras potencialidades, a lograr la satisfacción de necesidades, y como consecuencia está la equidad y la justicia, la auto regulación de capacidades de pacificación ante los conflictos.
El poder radica en la capacidad de incidencia y transformación de la realidad en que vivimos y de la que dependemos como comunidad como corresponsables de la vida social. Es además, aprovechar lo vivido porque nada ha sido en vano y en todo hay un aprendizaje.
Si bien somos seres independientes y con recursos propios, vivir desde el individualismo provoca soledad. No podemos ir por la vida relacionándonos con otros sin comprometernos. El sentido de paz y la orientación que pretende darle el facilitador, emana de romper con la idea de participar en la comunidad como una isla. Construir puentes entre diversos núcleos sociales, entretejer relaciones y reproducir y multiplicar la esencia misma de la concordia, en la convivencia pacífica. Todo ello requiere encontrarnos con el autocontrol, la empatía, la asertividad, la compasión, el razonamiento crítico, la creatividad, el servicio a nuestros semejantes, la conciencia del otro como uno mismo y la inteligencia emocional, tarea que estimula el facilitador con su abordaje.
A su vez, lograr el poder robustece el meta conocimiento de la paz, desarrolla nuevas dimensiones de las emociones, los sentimientos y la palabra para generar una seguridad única sobre el camino a seguir, haciendo “camino al andar” con una visión común, congruente y armónica, desarrollando pensamientos positivos y realistas, cultivando la actitud de paz en uno mismo para transformar la cotidianidad en nuestras relaciones intra e inter personales, en colectividad. Construir paz desde la propia paz.
Finalmente, el desarrollo de estas habilidades socio cognitivas es una eficiente medida de prevención del delito. Como es sabido, los factores etiológicos de la criminalidad se encuentran íntimamente relacionados a aquellos que son causa nodal de la inseguridad humana, esto es, la injusticia social y la violación de los derechos humanos, en particular a aquellos que protegen la vida, la igualdad, la libertad, la educación, la salud y en general nuestra supervivencia. La prevención del delito, tanto en lo que se refiere a quienes no han actualizado conductas criminales, como en lo que toca a quienes ya lo han hecho, es clave para garantizar la seguridad humana. Independientemente de los efectos que producen las condiciones socioeconómicas adversas y de la gama de factores que inciden en la actualización de ilícitos, es importante destacar la importancia que tiene en las decisiones la concepción que cada persona tiene de sí misma y la influencia que sobre ésta ejercen sus relaciones interpersonales. Es decir, un entorno hostil, discrepante, disruptivo criminógeno no determina necesariamente el paso al acto criminal, siempre y cuando se produzcan condiciones de interacción que favorezcan procesos de reflexión, análisis y comprensión de la realidad. En este contexto, encontramos que la seguridad ciudadana y la seguridad humana están determinadas por la forma en que las personas nos relacionamos con uno mismo y con los demás (desde las habilidades socio cognitivas), lo que nos lleva a ponderar su importancia en la desactivación de factores de riesgo y su influencia en los factores de protección.
Así por ejemplo, la violencia intrafamiliar, además de atentar contra la célula originaria e institución primordial de nuestra sociedad, afecta la salud mental de sus receptores y los predispone al desplazamiento de conductas que atentan contra ellos mismos y contra sus pares. La violencia intrafamiliar obedece consecuentemente a la incapacidad de sus protagonistas para resolver sus diferencias a través del diálogo u otro medio que provea de resultados positivos, cada quien aborda los conflictos que se suscitan con base a sus historias de vida, a su biografía y se comunican como lo hacen porque no saben hacerlo de otra manera. No pueden reconocer sus habilidades socio cognitivas, menos aun potenciarlas o desarrollar aquellas que sea necesario incrementar. Salvo situaciones excepcionales que ameritan intervención terapéutica, los protagonistas de conflictos intrapersonales pueden aprender a relacionarse desde la identificación de dichas habilidades sin producir reacciones adversariales y a gestionar sus diferencias construyendo juntos soluciones que les permitan llevar una porción de la seguridad humana a su círculo de convivencia. Ese es el objetivo que también se propone y va trazando el facilitador desde su rol.
Indudablemente, los medios colaborativos de solución de conflictos en los ámbitos de prevención de delitos y de ejecución de penas privativas de la libertad, constituyen una alternativa eficaz para alcanzar la seguridad humana. Deben incluirse conscientemente en el horizonte de nuestra tarea.
Antes de concluir, algo muy importante de señalar y aprendido en mi propia experiencia: una de las cosas más importantes en el tema de las habilidades socio-cognitivas en estos procesos tienen que ver con cómo las vamos a interiorizar cada uno de nosotros, facilitadores. No parece ser demasiado productivo que los facilitadores solamente memoricemos los conceptos, lo más interesante es cómo hacer que esas nociones sean parte de la vida diaria y cómo podemos ir identificándolas en cada aspecto de la vida (es decir, poder analizar “en mi vida están presentes la paciencia, el autocontrol, el pensamiento crítico, la creatividad, etcétera, en todos estos rangos o en todos estos aspectos.”). Porque todos vamos a tener algunas habilidades mucho más desarrolladas y algunas otras que todavía están latentes, esperando ser identificadas, a la expectativa de ser desplegadas. Y para que nosotros podernos abrirlas como buenos facilitadores, ya sea escogiendo la Mediación o la Negociación, necesitamos también tener un buen trabajo intrapersonal para que efectivamente logremos hacérselo llegar a las partes porque nosotros como creadores de paz, como facilitadores no nos sirve de mucho ser muy buenos mediadores, muy buenos negociadores de 9 de la mañana a 5 de la tarde, y luego regresar a los hogares y no compartir estos modelos de construcción de paz. Porque como dijimos, uno de los principales círculos de socialización, de institución socializadora es la familia, eso significa que los facilitadores tenemos el poder de hacer construcción de paz en uno de los círculos más importantes y es en el ambiente más cercano. Si nosotros no estamos sabiendo trasladar estas habilidades al campo subjetivo, vamos a tener muchas dificultades en nuestros planos personales y eso siempre va a terminar afectando el trabajo que hagamos como facilitadores, sobre todo si nos encontramos en el ámbito público donde a veces solemos vernos enfrentados con ciertas dificultades o carencias propias del Servicio Público. Eso significa que tenemos que tratar de estar lo mejor que se pueda en todos los otros ámbitos, en el plano personal con la familia, en la esfera sentimental con la pareja, en el contorno comunitario con las personas que nos rodean en los lugares donde vivimos, con las amistades, etcétera. Y la mejor manera de hacer eso es trabajando la construcción de paz a través de la construcción de paz hacia mí mismo para poder replicar ese modelo con las personas que me rodean y hacia las cuales se dirige mi tarea.
Algunas de las cuestiones que debemos revisar son, como está la relación que tenemos con nosotros mismos. ¿Cómo nos tratamos a nosotros mismos? Porque eso define mucho como vamos a tratar a los demás. Muchas veces muchos de nosotros nos encontramos diciéndonos cosas a nosotros mismos que jamás le diríamos a algún amigo o algún conocido o a algún familiar. Tenemos una pésima relación intrapersonal entonces debemos hacer un fuerte trabajo para mejorar esa relación intrapersonal, para que seamos muy auténticos en la manera en que nosotros replicamos el conocimiento con todas las personas que nos rodean.
A ninguno de nosotros nos gusta estar en conflicto con las personas que nos circundan, o estar constantemente sintiéndonos malentendidos, o creyéndonos juzgados o considerándonos presionados por nuestro entorno pero muchos de nosotros, a veces, realizamos hacia los demás actitudes que no nos gustarían que se ejercieran hacia nosotros, eso significa que cuando estemos caminando ese largo camino de la construcción de paz, tenemos que también ser muy autocríticos y fijarnos qué clase de actitud estamos usando, estamos demostrando hacia las personas que nos rodean. La propuesta de esta materia ha sido que empecemos a hacer cambios en micro para poder obtener cambios en macro.
Tengo la creencia de que si nosotros queremos ayudar a pacificar un entorno, lo primero que tenemos que hacer son cambios de actitud directamente con los miembros cercanos de la sociedad que habitamos, es decir, yo como padre de familia, yo como madre de familia, yo como hija, yo como hermana, yo como pareja. Tenemos que empezar a ajustar primero como me relaciono yo con las personas con las que estoy rodeada directamente y en base a eso, ese fenómeno se va a replicar.
El autoconocimiento da congruencia al vínculo indisoluble entre nuestras habilidades socio cognitivas y nuestras relaciones interpersonales, reflejando claro está, nuestro potencial creativo que nos coloca en sintonía con la realidad para que, desde ésta, si es necesario, la transformemos. Además de que el autoconocimiento es factor esencial de la confianza en nosotros mismos y en los demás y de la toma de conciencia de la potencia de dichas habilidades. Resulta primordial el ejercicio diario de exploración interna, viaje que indudablemente nos abrirá nuevos caminos de encuentro de nuestro ser con otros.
Los convoco a aportar sus propios comentarios sobre el rol de ustedes, en tanto facilitadores para desarrollar habilidades socio cognitivas durante el proceso de gestión de conflictos, para construir paz y consenso. Piensen en las historias vividas en los espacios que integran, en esos grupos, en los vínculos gestados… Los leo con gran atención….